viernes 30 de octubre de 2009

No. 18

Morir era fuego y enredadera de insomnios,
pesadilla mejor aún;
árbol sembrado en la garganta,
ahí también me anidaban los silencios,
me anudaban las venas;
relamían sus zetas y sus jotas.

tantos números reproduciéndose uno sobre el otro,
otro dentro de otro
y otro desde otro más complejo,
casi infinito,
casi tus ojos de aguja zurciéndome las erres y las haches

morir era lento y placentero,
invernadero de topacios;
crianza de cangrejos;
holocausto de tomates asfixiados…

morir era morir
y nada mas…
no en tus manos, no en tu boca,
morir y nada mas…

1 comentarios:

Jonathan Bell dijo...

y aún morir, era seguir existiendo.

www.escribiendoconsilencio.blogspot.com

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